Diseño web
Cómo elegir un diseñador web para tu pyme
Para elegir un diseñador web, mirá trabajos reales que estén online, preguntá quién escribe los textos y qué incluye el precio, y pedí por escrito el alcance, los plazos y de quién son el dominio y la web. Desconfiá de quien promete resultados en Google o en la IA: nadie puede asegurarlos.
Por Presence Studio · · 6 min de lectura
Antes de hablar con nadie.
Elegir a quién le das tu web es una decisión que se nota durante años: de ella depende cómo se ve tu negocio, si la gente te encuentra y cuánto te cuesta cambiar algo. Antes de pedir presupuestos, conviene tener claro qué necesitás. Tres preguntas alcanzan para empezar:
- ¿Qué tiene que lograr la web? Que te llamen, que compren, que te encuentren en Google o que se entienda qué hacés.
- ¿Quién va a cambiar el contenido? Vos, tu equipo o el diseñador. Eso define si necesitás un panel o no.
- ¿Cuánto tiempo tenés? Una web bien hecha lleva semanas, no días. Un plazo irreal suele terminar en una web apurada.
Mirá trabajos reales, no solo imágenes.
Un portfolio lleno de diseños lindos dice poco. Lo que sirve es ver webs que estén online, que puedas abrir desde el celular y que tengan algo que contar: qué problema resolvieron y qué pasó después. Si el diseñador tiene casos de negocios de tu rubro o de tu tamaño, mejor todavía.
Abrilas como lo haría un cliente: con el celular, con una conexión normal y tratando de encontrar un teléfono o un precio. Si se traba, tarda mucho en cargar o el texto está escondido en imágenes, eso también te está diciendo algo.
Preguntas para hacerle.
- ¿Quién escribe los textos? Una web sin textos pensados para tu negocio no encuentra a nadie, sin importar lo linda que sea.
- ¿Qué incluye el precio? Cantidad de páginas, diseño, desarrollo, fotos, dominio, alojamiento y un tiempo de ajustes después de entregar.
- ¿Cómo se ve en Google y en la IA? Preguntá cómo arma la estructura, los títulos y los datos que leen los buscadores. Si la respuesta es solo "queda bien en el celular", falta la mitad del trabajo.
- ¿Qué pasa después de publicar? Cómo se cambian precios, fotos o textos, si hay un panel y cuánto cuesta un cambio de diseño.
- ¿De quién es el dominio y el alojamiento? Tiene que quedar a tu nombre. Si no, el día que quieras irte, perdés la web.
Señales de alerta.
- Presupuesto sin detalle. Un número redondo sin decir qué incluye no sirve para comparar.
- Garantías de resultados. Ningún diseñador puede asegurar que vas a aparecer primero en Google o que la IA te va a recomendar. Quien lo promete, hace trampa o no entiende cómo funciona.
- Te pide el acceso de todo. Contraseñas de tu dominio, de tus redes o del correo, sin una razón clara ni un traspaso por escrito.
- No te deja hablar con quien hace el trabajo. Si el único contacto es un intermediario que no sabe responder, los problemas se van a demorar.
Lo que tiene que quedar por escrito.
Un presupuesto claro no tiene que ser largo, pero sí tiene que decir: cuántas páginas son y qué lleva cada una, qué textos y fotos pone cada parte, cuándo se entrega, cuántos ajustes incluye, cómo se paga y de quién es el dominio y la web al final. Si es un rediseño, también tiene que decir qué pasa con las direcciones viejas, para que no se pierda lo que ya te encontraba Google.
Cómo comparar.
Compará lo que incluye cada propuesta, no solo el precio final. Una oferta más barata puede dejar afuera los textos, el SEO o los cambios después de entregar, y terminás pagando el resto por separado. Y una más cara no siempre es mejor: lo que importa es que el trabajo cubra lo que necesitás.
Si tenés dudas sobre qué te conviene, la nota sobre plantilla o diseño a medida te ayuda a decidir antes de comparar.
